11 diciembre, 2016

Reseña: El diario del niño burbuja, de Belén Gache

Título: El diario del niño burbuja
Autor: Belén Gache
Editorial: Sociedad Lunar Ediciones
Número de páginas: 105
Año de publicación: 2004
Precio: gratuito
Leer: Online / PDF  









El proyecto Bubbleboy fue concebido para ser realizado en internet, mediante 100 posts, realizados durante cien días consecutivos. Cada uno de ellos constaría de una imagen encontrada en un buscador de imágenes y de un texto breve. El Diario del Niño Burbuja se constituyó como un texto a la deriva y en proceso, sin una trama o dirección preestablecida. 

Burbuja, frágil e inconstante, está en continua amenaza de desaparición. Al igual que las burbujas flotan en un hiperespacio constituido por múltiples dimensiones, Bubbleboy habita el ciberespacio, lugar igualmente multidimensional que propone una nueva espacialidad y una nueva temporalidad sin órdenes lineales o causales precisos.
Tenía que hacer una reseña de una obra realizada expresamente para la red para una asignatura de la universidad y, después de varios días buscando información, me encontré con El diario del niño burbuja de Belén Gache. Aunque su sinopsis no contaba gran cosa, me llamó irremediablemente la atención y decidí que este sería el elegido.

Belén Gache decidió publicar su obra, tal y como se comenta en su propia página web, «en un fotolog gratuito que permitía un único post diario y que no brindaba posibilidad de posteriores correcciones». Además, la autora consideró que lo haría en un total de 100 entregas, lo que correspondería con 100 días.

Debido a ese formato en el que la autora no podía editar las entradas, podemos observar alguna que otra falta de ortografía, como ocurre en la entrada del 13 de junio de 2004, donde está escrito “kamikases” a pesar de que en la misma línea está escrito de forma correcta. También el 15 de agosto, donde se puede leer “Cretaseo”. Sin embargo, se podría decir que son casos aislados puesto que no son muchos.

Sin embargo, cabe mencionar que también hay alguna excepción, como la que se hace en los días 16 de julio, 6 y 14 de agosto, en los que no se publica una sola entrada sino que son dos.

Cada una de las entradas del diario del niño burbuja está acompañada por una imagen que precede al texto y que está relacionada con alguna de las cosas que se mencionan en este. Dichas imágenes están tan bien seleccionadas que es imposible separarlas del correspondiente texto.

Además, los textos que podemos encontrar en el diario no superan el párrafo de longitud, por lo que (si a esto le añadimos el detalle de las imágenes) se podría decir que nos hallamos ante una obra de lectura ágil y rápida.
Para mi hermano mayor, el mundo es sólido y predecible: una pelota llena de dinero y de palabras. Para mí, en cambio, el universo está compuesto por infinitas burbujas: burbujas de sueños, burbujas de recuerdos, burbujas de tiempo, burbujas multicolores, niños burbuja que flotan en el espacio como pequeños mundos aislados, como inconmensurables mini universos paralelos, como etéreas mónadas cuánticas. Algunas de ellas se encuentran en expansión y otras permanecen estables; algunas explotan de pronto y otras agonizan lentamente. Tarde o temprano, sin embargo, todas ellas terminarán por estallar, fundiéndose para siempre en el océano cósmico, en el limbo interestelar, en el magma internúbico.
Es un texto que engancha desde el primer momento por el formato en que está escrito y porque contiene una trama que te atrapa entre sus páginas. En ocasiones introduce una serie de textos más técnicos o científicos (en especial, de geometría ontológica) y que resultan bastante difíciles de entender. Sin embargo, podemos encontrar en la obra también toda una serie de datos históricos muy curiosos acerca de los niños burbuja (ya sean ficticios o no).

Los relatos que escribe nuestro protagonista bajo el título de Los viajes del niño burbuja resultan de lo más interesante al ver cómo toma la realidad que le rodea y crea, con ella, un mundo totalmente nuevo dentro de lo que se podría llamar la ciencia ficción.

En cuanto a los personajes, hay que comentar que su protagonista se trata de un personaje muy peculiar pero a la vez de lo más interesante al que terminas cogiendo cariño por sus curiosas reflexiones y su forma de ver el mundo. A veces, podemos ver una madurez en el protagonista que no concuerda con la de un niño, como en los capítulos en los que trata temas científicos, pues tiene conocimientos de dichos temas que deberían resultarle muy difíciles.

En definitiva, El diario del niño burbuja de Belén Gache es una obra con la que disfrutar desde su primera página.
3/4

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